Plántale cara al invierno: prepara tu casa para el frío

Un invierno en casa, muy pronto se pasa… sin embargo, el tiempo que transcurramos entre las paredes del hogar debe ser de calidad. Y para estar a gusto, lo primero que hay que hacer es defenderse de los ataques del frío. A continuación, recordamos los pasos a seguir para asegurarse de que la vivienda esté lista para el momento más álgido del año.

  1. La importancia de aislarlo todo

    Ya es un mantra, pero nunca está de más recordar que un aislamiento térmico insuficiente provoca un despilfarro de entre el 25 y el 30% del calor generado por los sistemas domésticos de calefacción. Para evitarlo, existen soluciones permanentes a adoptar y acciones cotidianas a realizar, y todas tienen que ver con esos agujeros que son la mano derecha de las corrientes de aire fría.

    Lo ideal sería poner ventanas de doble acristalamiento, que convierten la vivienda en un verdadero baluarte contra las bajas temperaturas, y nos permiten ahorrar hasta el 50% en la factura. En caso de bajos presupuestos, no hace falta cambiar todas las ventanas a la vez: es posible empezar con la de la habitación en la que solemos quedarnos más tiempo durante el invierno. Y si se trata de viviendas de alquiler, también podemos optar por burletes, plásticos de invierno, masilla impermeable, cintas adhesivas resistentes al agua para aislar el marco de las ventanas y de cualquier otro agujero por donde pueda meterse el aire – para ello, incluso podemos envolver las tomas de corrientes eléctricas de las paredes exteriores y poner un zócalo para evitar que el frío suba del suelo.

    Por otro lado, hay unas pequeñas medidas que podemos tomar a diario para evitar que el ambiente se enfríe demasiado y para ahorrar en calefacción: bajar las persianas cada noche; cerrar la puerta de la cocina – el frío aprovecha las rendijas de seguridad para abrirse el paso a nuestro hogar – y de las habitaciones en las que no se suele entrar a menudo; abrir las cortinas cuando es de día y dejar que entre el sol porque, si es verdad que sol de invierno calienta poco, más vale que caliente poco que nada.

    Por último, el suelo. Los suelos de madera otorgan una sensación de calidez no solo al pisarlos, sino también al solo mirarlos, tal como explicamos en nuestro artículo sobre "cómo elegir el suelo de madera".

  2. La revisión de los aparatos de calefacción

    Esto es algo que siempre se debería de hacer antes de que empiece el invierno, no solo por una cuestión de seguridad, sino también para que las instalaciones de calefacción funcionen perfectamente y sean eficientes – por cierto, esto se traduce en un ahorro tanto energético como económico.

    Empecemos por los radiadores. Es necesario desempolvarlos y purgarlos. ¿Qué quiere decir eso? Muy simple: significa vaciar las tuberías internas a los radiadores de todo el aire, para que el agua fluya perfectamente. ¿Y cómo se hace eso? Aún más simple: apagar la caldera, coger un destornillador y utilizarlo para girar el purgador – esa válvula que suele colocarse en la parte superior del radiador. Pero antes es mejor coger un cubo que recoja el agua que pueda salir.

    Una vez hayamos limpiado los radiadores, intentemos abrir exclusivamente aquellos que estén en las habitaciones en las que vamos a quedarnos más tiempo. Y si somos muy frioleros, también podemos optar por instalar válvulas termostáticas en cada radiador: de esa manera, podremos zonificar el encendido de la calefacción según el horario, y regular la temperatura en cada habitación evitando que haya una más fría que la otra – se acabó lo de tener la experiencia de la excursión térmica del Sahara al pasar de una estancia a otra.

    Un par de advertencias más sobre los radiadores: primero, poner paneles reflectantes detrás de los radiadores hará que el calor no se disipe; segundo, para sacarles el máximo partido, mejor no los cubramos con cortinas y con ropa húmeda – noticia del día: el radiador no es un tendedero.

    Y ahora la caldera. La presión del agua tiene que oscilar entre los 1,2 y los 1,5 bares. ¿Cómo comprobarlo? Es más fácil de lo que se cree: basta con encender la caldera, esperar unos minutos y mirar el manómetro: si respeta los parámetros que acabamos de indicar, todo bien; si los supera, habrá que purgarla; si es demasiado baja, bastará con abrir ligeramente la llave para que más agua llegue al circuito de la calefacción.

    Siguiente paso, instalar un termóstato: se encargará de encender y apagar la calefacción de manera automática, manteniendo constante la temperatura de la casa – ya verás, ¡el bolsillo nos lo agradecerá! Acordémonos de que la temperatura ideal del interior de la vivienda es de 21° de día y 16º de noche.

    Una última sugerencia, aunque nos pueda parecer una rareza: cambiemos la dirección de rotación de las aspas a los ventiladores de techo. De esa manera, el ventilador será un aliado en hacer que el aire caliente, que tiende a subir, nos vuelva a envolver en su cálido abrazo antes de dispersarse.

  3. Elementos de decoración contra el frío

    Empezando por los muebles, los complementos de decoración ayudan a vestir la vivienda para el invierno.

    Si nos enfrentamos a una pared vacía, llenémosla por completo con un mueble realizado a medida: su grosor contribuirá al aislamiento térmico de la habitación, además de proporcionar más espacio de almacenamiento. Asimismo, cuidemos de la colocación de los muebles, para evitar que tapen los radiadores y otras fuentes de calor.

    Las cortinas son otro gran aliado en la lucha contra el frío, y si son dobles, mejor: la más fina dejará entrar la luz del sol, mientras que la más gruesa nos protegerá del frío de la noche y retendrá el calor del interior acumulado a lo largo del día. Pero la cosa no se acaba aquí: también existen cortinas con forro térmico, muy utilizadas en los países donde se suelen alcanzar temperaturas inferiores a cero grados. ¿No lo sabíais? ¡Ojo! Puede que esa información os cambie la vida y la percepción del invierno.

    Por último, no nos olvidemos de los textiles y colores: alfombras peludas, edredones gruesos, mantas de lana, fundas de cojín de terciopelo, plaids mullidos, bolsas de agua caliente, ¡qué no falten! Y mejor si en colores oscuros que atraparán más el calor.

  4. Terrazas y jardines de invierno

    En invierno solemos olvidarnos por completo del exterior de la vivienda, pero ¿por qué no disfrutar del jardín o de la terraza también en los días invernales de sol, si tenemos la suerte de tenerlos? Suelo antideslizante, mobiliario resistente a la intemperie y un hongo calefactor nos permiten disfrutar de esos espacios por lo menos en los días menos fríos de enero.

       

    Solo faltan las luces de unas velas y una taza de chocolate caliente, y el cuadro está completo: porque no solo el cuerpo, sino también el alma, necesita calor.

 

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